Hace años apareció el archivo histórico del Hospital Valdecilla, o los restos, en el "patatero" del antiguo Psiquiátrico de Parayas. Se ha contado en otras ocasiones, por ejemplo
aquí. Tengo para mí que, debido al contenido sensible de muchos de sus documentos, sobre todo los relacionados con la guerra, con listados enormes de pacientes heridos que son conducidos a alguno de los muchos centros de detención (el Colegio Ramón Pelayo, los Salesianos, las Oblatas, etc.) cuando son dados de alta, este cuerpo documental, decía, debido al contenido sensible de muchos de sus documentos, "se guardó" en este lugar tan poco adecuado, en mi opinión, cuando la Democracia empezaba a echar raíces y alguien temió que a otro alguien, o a él mismo, le tocara dar explicaciones. Así lo dio a entender el Sr. Burgada (que entró como botones antes de la guerra y acabó siendo el Director de Gestión durante décadas) cuando el Dr. José Luis Bilbao y yo le visitamos en su casa del Sardinero poco antes de fallecer. Pero no es seguro. Esta interpretación mía entra en contradicción al menos parcialmente con el hecho de que la tesis doctoral de Fernando Salmón, de los años ochenta, cite muchos de los documentos aparecidos en el "patatero". Es el único autor o investigador que parece haber tenido acceso a ellos. ¿Cómo pudo consultarlos estando allí almacenados? ¿Pudo o fue acaso su almacenamiento posterior? ¿Quién fue entonces el responsable?
Entre los documentos delicados que encontramos destaca una relación de pacientes psiquiátricos que fueron conducidos al Campo de Concentración de La Magdalena nada más caer Santander. Es un documento relevante. Gracias a él, la existencia de este campo de concentración es irrefutable.
Yo desde que lo encontré creí que era el único documento que había sobrevivido de una serie desaparecida, que los militares franquistas habían entrado en el Hospital y recorrido todos los servicios buscando izquierdistas ocultos, a los que, una vez identificados, se les conducía al campo de concentración. En esta primera impresión mía seguramente me vi influido por la lectura del prólogo de la novela Maleficio (muy mala) de Ocharán Aburto, donde desvela que escribió el libro oculto en el pabellón 17 durante los meses de la República en guerra. Como él, que era de derechas, muchos de izquierdas cuando el Gobierno cambió de signo, entendí. De estar yo en lo cierto, faltarían los listados elaborados durante el barrido del resto de servicios hospitalarios. Pero a raíz de la lectura de la novela El hotel blanco de D. M. Thomas (esta mejor que la anterior, aunque no mucho) donde en uno de sus capítulos se narra el asesinato en masa de judíos a las afueras de Kiev, me entraron dudas. Resulta que antes que a los judíos se asesinó a los pacientes de un psiquiátrico cercano. ¿Y si nuestro listado no fuera el único documento que se conserva de una serie cercenada sino el único? Dicho de otro modo, ¿cabría la posibilidad de que no hubiera más documentos que este? De ser así, el detonante no habría sido un barrido de todos los servicios buscando izquierdistas ocultos (como antes los hubo derechistas) sino un barrido específico del Servicio de Psiquiatría. ¿Por qué? Primero porque el fascismo desprecia a estos enfermos. Son para ellos "subhumanos" (igual que todos los que no son como ellos o, por mejor decir, como ellos se ven a sí mismos, cabría añadir). Segundo, porque este era el servicio precisamente del Dr. López Albo, primer Director Gerente de la Casa de Salud Valdecilla y afín a Izquierda Republicana. Por este motivo fue perseguido con saña. Quizá no solo él. Desde este punto de vista, la represión a que se vio sometida Cantabria tras caer bajo dominio franquista se ve aún más escalofriante.
Una última anécdota. Al hilo del hallazgo de toda esta documentación, hicimos un cartel de grandes dimensiones en recuerdo de la Escuela Libre de Medicina de 1936 (que el franquismo negaba, por ser una iniciativa positiva del enemigo, igual que negaba el campo de concentración, por ser un hecho reprobable propio) y en homenaje de su responsable, el Dr. López Albo, que pusimos en el pasillo de las tres torres. Que pusimos los celadores y yo, sin apoyo de Dirección, porque desde Dirección, cuyo equipo había sido nombrado por el PSOE, y lo digo por lo que pueda aclarar respecto a aquella época, no se acababa de encontrar momento oportuno para ello. Pasaba el tiempo, y nada. Quizá el error fuera esperarlos. Así que lo pusimos. Estábamos subiéndolo con una pequeña grúa en forma de acordeón cuando se nos acercó un señor mayor y nos dijo: "a este señor [señalando al Dr. López Albo] le pasó lo que le pasó [la represión más cruda] por meterse en política", a lo que yo le respondí si es que los médicos no podían participar en política, igual que todo el mundo, pero al señor le daba igual lo que yo le dijera, y se marchó.