Nos encontramos poco antes de la hora prevista en la exposición del Proyecto Mentte del Hospital de Día Infanto-Juvenil montada en la sala que está a la entrada del Hospital. Es una sorpresa para ambos. Se ve que los dos llegamos con antelación y decidimos esperar haciendo lo mismo. Alfonso Ceballos es biólogo y farmacéutico. Le conocí en el transcurso de la entrevista realizada al también biólogo Gonzalo Valdeolivas. Entonces, Alfonso se incorporó a mitad del paseo y repitió el segundo día que quedamos. Esta entrevista de ahora es una forma de dedicar a Alfonso la atención que merece. Alfonso y Gonzalo suelen salir a hacer trabajo de campo juntos. También Trinidad Pérez, otra bióloga que este día acompaña a Alfonso. Como habíamos quedado a mediodía, Alfonso y Trinidad han aprovechado las primeras horas de la mañana para actualizar el inventario botánico del vecino Parque Morales. El nombre de este parque procede del psiquiatra que tenía aquí su sanatorio, famoso, entre otras razones, por haber estado interna en él la artista Leonora Carrington.
Salimos a la explanada exterior y Alfonso dice dejarse en mis manos. Le noto un poco preocupado. A él le gusta pisar sobre seguro y no me refiero al terreno, que está acostumbrado a salvar todos los accidentes, sino a nivel teórico. Le gusta clasificar, y la clasificación es una tarea regida por un procedimiento meticuloso. Requiere su tiempo. Soy consciente de que recorrer los jardines del Hospital haciendo frente a lo que surja le intranquiliza. Me recuerda a un seminario de cirugía de la UC al que me invitaron. Consistió en un grupo de alumnos que me planteaban necesidades de información que yo trataba de satisfacer en el momento mediante ecuaciones de búsqueda en PUBMED que iba armando sobre la marcha. Fue un acto performativo agotador. Desde entonces, cuando alguien me pide ayuda con una búsqueda bibliográfica le pido que me escriba su necesidad en una sencilla frase, para ir preparando yo el terreno. Esto es lo que, creo, Alfonso echa en falta ahora: la preparación del terreno. Por eso dice dejarse en mis manos. Porque confía en mí. Ojalá no le defraude. Yo también estoy un poco preocupado. El tiempo está cambiante. Lo mismo luce el sol que se oculta tras un manto de nubes. Nos miramos a los ojos y empezamos.
Vamos en busca de la escultura de Ramón Calderón titulada Kinesis. Es nuestra línea de salida. Se inauguró en 2005 en homenaje a los trabajadores del Hospital. Se trata de una enorme estructura metálica (su peso condicionó su localización) que apunta al cielo como símbolo del progreso de la Medicina y la expectativa sin fin que se eleva hacia espacios aun por descubrir, en palabras del propio artista. A mí lo cierto es que me recuerda al día de tormenta que hizo caer parte de la fachada del antiguo edifico de Traumatología un fatídico día 2 de noviembre de 1999, provocando cuatro muertos. No sería, pues, tanto una flecha que sube como un rayo que cae. Pero es solo una percepción mía. De camino, miramos al suelo y encontramos:
Erodium moschatum.
Pertenecen a la familia Geraniaceae. Presentan una serie de características estructurales comunes, como por ejemplo la forma de las flores, en ambos casos con cinco pétalos, que hacen a estas plantas muy parecidas. De hecho, en castellano son conocidas indistintamente como alfilerillos o picos de cigüeña. Alfonso nos da la clave para distinguirlas: hay que fijarse en las hojas. Las del Geranium molle son palmeadas y las del Erodium moschatum son pinnadas, por su forma de peine. No siempre es tan sencillo, como tendremos ocasión de comprobar.
Sus nombres en castellano se confunden pero son muy bonitos. Esto es síntoma de cercanía. No en vano ambas son ruderales, es decir, comunes en caminos, campos cultivados, herbazales, etc. El pueblo sabe valorar la compañía.
Se siega muy a menudo y hace poco que lo han hecho. Las margaritas son rápidas. Son las más abundantes. No son flores, anuncia Alfonso. Son inflorescencias. Advierto que Trinidad está esperando mi reacción de sorpresa, que no tarda. Convenimos que siempre que se deshoja la margarita se empieza por el "me quiere" porque el ser humano es de natural optimista.
La inflorescencia de la margarita es en capítulo (del diminutivo del latín CAPUT, "cabeza"), un tipo de inflorescencia compuesta, de ahí que a las especies de esta familia, como la margarita o Bellis perennis, se las llame así, compuestas o asteraceas, término este último cuya raíz parte de la palabra griega empleada para denominar a las estrellas. En las inflorescencias en capítulo propia de las asteráceas, las flores están sentadas sobre un receptáculo común ensanchado llamado pedúnculo. Las flores se agrupan formando una estructura compacta que a menudo se confunde con una sola flor, aclara Alfonso. Doy a Alfonso un folio en blanco. Saca su portaminas y dibuja un esquema para explicarlo de forma gráfica:
La inflorescencia de la margarita tiene dos tipos de flores: la exterior o lígula, blanca, con un solo plano de simetría, que se confunde con un pétalo, y la interior o flósculo, amarilla, con varios planos de simetría. Combina ambas soluciones para maximizar su éxito reproductivo.
Los planos de simetría tienen que ver con distintas estrategias evolutivas de polinización. Las flores con varios planos de simetría o simetría radial son regulares y se parecen a estrellas. Tratan de asegurar una accesibilidad generalizada. Están abiertas al viento. Por su parte, las flores con un solo plano de simetría o simetría bilateral son irregulares y a menudo se parecen a rostros o presentan formas que recuerdan a un labio superior y otro inferior, como las orquídeas. Estas están especializadas en polinizadores específicos que aterrizan en una posición particular. También hay flores que carecen de planos de simetría o asimétricas, como la Canna indica o caña de indias.
En lugar de dirigirnos a la escultura nos desviamos hacia la palmera que se yergue a un lado. Es un cambio de sentido natural. Pido a Alfonso que por favor indique las especies que nacen sobre la palmera. Nos parece una analogía bonita: la palmera como símbolo de un hospital indiano, entendida como un ecosistema que facilita la vida. Son:
Cymbalaria muralis, Poa annua, Rubus sp (cuando no se sabe, es mejor no aventurarse y poner las letras sp, que es una forma de decir que queda pendiente), Sonchus oleraceus y Oxalis corniculata.
En la base crece la bonita Modiola caroliniana. Curiosamente, tiene el mismo color que la chaqueta de Alfonso. Trinidad señala la presencia del liquen Xanthoria parietina en el tronco. Los líquenes son indicadores de la calidad del aire. Pero, tercia Alfonso, este tipo de liquen no es precisamente el mejor porque hace con todo.
Seguimos. Alfonso destaca la dura presencia de Stenotaphrum secundatum. En realidad el césped está compuesto en su mayoría por esta especie invasora. No se logra erradicar segando porque, al igual que el resto de gramíneas, a cuya familia pertenece, esta planta, conocida como grama americana, tiene el meristemo o tejido de crecimiento en la base, lo que hace muy difícil llegar a él, no es fácil cortarlo, a diferencia de otras que lo tienen más alto y a la mano o a una buena altura para el corte.

En este entramado, asoma Trifolium repens, de la familia de las fabáceas o leguminosas, lo mismo que las acacias, las alubias, los guisantes, la alfalfa, etc. Descendiendo al detalle, el Trifolium repens es una papilionácea, por la forma de mariposa de su flor. Se compone de cinco pétalos: uno muy grande llamado estandarte, dos laterales llamados alas y dos unidos abajo llamados quillas, por su parecido. Es una composición característica de las flores de las leguminosas.
Un poco más adelante encontramos Trifolium repens y Trifolium pratense, el de la foto:
También abundante Asplenium ruta-muralia:
Cymbalaria muralis:
Adiantum capillus-veneris:
Los helechos no tienen flores ni semillas. Se reproducen mediante esporas almacenadas en esporangios agrupados en soros. Estos se sitúan en el envés de las frondas de los helechos. A simple vista pudieran parecen pequeños insectos, pero no lo son. Al madurar, las esporas se liberan y dispersan. Esta especie se caracteriza por tenerlos alargados. Es una estrategia orientada a ambientes húmedos y sombríos. Optimiza la producción de esporas sin depender de flores o semillas.
¡Mira!, alerta Alfonso:
Una chilca. En su opinión esta planta invasora no se debe conservar bajo ningún concepto. Por muy bonita que sea o se lo parezca a alguien o por muy controlada que creamos que esté. Nunca lo está lo suficiente, advierte. La prueba la tiene en la mano. Le pregunto qué es para él una especie invasora. Aquella que desplaza a la vegetación autóctona, resume. Por ejemplo, en los acantilados: donde tendría que haber
Festuca rubra subespecie
pruinosa, variedad autóctona, que haya
Stenotaphrum. Esta es para él una especie invasora.
Es diferente "el césped" que "el verde", pienso. En realidad es lo mismo, lo que difiere es el concepto subyacente. Se ve mal pisar "el césped" pero no "el verde". El primero es un término moderno y el segundo tradicional. Es como la diferencia entre cerdo y chon o quisquilla y esquila, que el cerdo y las quisquillas los verás a la venta en carnicerías y pescaderías, respectivamente, pero a los chones y a las esquilas, que son palabras cántabras para decir lo mismo, no. Nunca verás en una carta de restaurante, por ejemplo, carne de jata. Esto es así porque las primeras son palabras que, aun pudiendo tener distinto origen, son las que utilizan los que pagan, mientras que las segundas son las que utilizan los que pastorean o pescan. Pasa igual con el inglés pork y pig, la primera tomada de la lengua de los señores, en este caso los normandos, y la segunda de la lengua de los subalternos, los sajones. Tengo para mí que la grama está penetrando como "césped", y no se ve del todo mal, porque, a fin de cuentas, tapiza la tierra, que es lo que se espera que haga "el césped". Pero nunca lo hará como "verde". Invasor o no dependerá de lo que se tenga cargado en la cabeza. A mí, como a Alfonso, tanto la grama americana como la chilca me parecen especies invasoras.
La acacia dealbata es un problema, continúa Alfonso. Es una mimosa. Entre las cultivadas, las más comunes son la Acacia retinodes y la Acacia melanoxylon. La dealbata tiene la hoja muy dividida. Las otras dos menos, pero la principal diferencia es que a la primera no se le caen las hojas y a las otras dos sí. La peor es la dealbata, concluye Alfonso. Florece en invierno. Es de los primeros árboles en hacerlo.
Detrás vienen las rosáceas. Son también muy precoces los ciruelos y cerezos. La rosa que primero sale es la pimpinellifolia subespecie spinosissima, que, apunta Alfonso, por ejemplo en Liencres aparece en abril. Pero es en verano cuando hay una explosión de rosas. Todas pierden las hojas salvo la Rosa serpenvirens. Para distinguir distintas especies de rosas hay que fijase primero en la dentición de las hojas, si es simple o doble. Luego, en una batería de características que es mejor no detallar, previene Alfonso. Hay por ejemplo una rosa con olor a manzana, la Rosa micrantha, y el biólogo enarca las cejas.
Le pregunto por las rosas que salpican estos últimos días, primeros de mayo, la floresta de la lera del río Saja a su paso por Cabuérniga y a las que he hecho fotos. Le muestro algunas:
No le cuesta identificarlas. Son todas Rosa canina. Su nombre procede de los pinchos, que recuerdan a caninos de perro. Es silvestre. Florece en mayo. Lo mismo que las mayuetas, digo, las fresas silvestres, cuyo nombre autóctono procede precisamente del mes en que estamos. El fruto de la Rosa canina es el calambroju en cántabro o escaramujo en castellano.
Me emociona imaginar que estas rosas silvestres de la lera del río Saja no las plantó nadie, que llevan acompañando a los cabuérnigos desde hace generaciones. Las mismas rosas distintas siempre. Esta idea enlaza con el motor de VIRIDITAS: los mismos jardines de hace hace cien años pero distintos desde el primer día y, gracias precisamente a eso, con nosotros siempre, contemporáneos.
Pregunto a Raúl Molleda por móvil si el cántabro rosaa, "rocío", podría emparentar con rosa y responde al momento que no, que a él si acaso se le hace más próximo al francés arroser, "regar", más concretamente "regar el jardín o los cultivos", pues para el riego agrícola a gran escala se emplea otro verbo. Cántabro y francés, de seguir la pista buena, tendrían su origen en el latín clásico ROS, "rocío".
Seguimos caminando hasta que alcanzamos el codo que hace el terreno al conectar la C/ Padre Rábago con la cuesta de los toros. Nos topamos con un Ligustrum ducilum e identificamos al pie Poa annua y (en la foto) Catapodium rigidum:
Ambas son gramíneas o poáceas. Todas tienen flores en espiguilla, formada por pequeñas espigas agrupadas en un eje llamado raquilla. Estas consisten en una o varias flores diminutas, desnudas y sin tallo, llamadas antecios, protegidas por dos brácteas llamadas glumas. Luego cada flor tiene otras dos brácteas que se llaman glumillas. La externa se llama lema y la interna pálea. Dentro están los órganos reproductores de las flores, el androceo (masculino) y el gineceo (femenino).
El núcleo de la palabra antecio es el griego OIKOS, "casa, habitación, morada", con el prefijo ante. Concuerda con la realidad botánica. Por su parte, la palabra bráctea viene prácticamente de forma directa del latín, y significa "lámina de oro", por ser bonita y adornar. Las brácteas son hojas modificadas o especializadas cuya función principal es proteger el botón floral y atraer polinizadores, por eso que a menudo sean coloridas, provocando así confusión con pétalos.
Subimos al solar que está en la esquina de la C/ Padre Rábago por la huella apenas perceptible de un camino que parte de la puerta de la antigua carbonera, que ahora es utilizada por mantenimiento para guardar aperos. Antiguamente arriba estaba "la casa de la maestra", pero se derribó. No se ha construido nada en su lugar. Es una oportunidad para crear lo que en otras ocasiones hemos presentado como un jardín cántabro sostenible, entendiendo por tal un jardín en el que la única intervención humana consista en establecer las condiciones de posibilidad de una pradería de especies autóctonas que se autorregule. Pero no es momento de entrar en detalles. Después de derribar el antiguo edificio, el solar resultante se empleó para guardar maquinaria pesada, pero el miedo de que bajo el solar hubiera un refugio antiaéreo y estuviera toda la zona hueca hizo que se despejara. Todavía no se ha confirmado si lo hay o no, pero al fondo de la carbonera hay una puerta tapiada que no sabemos a dónde conduce. En el camino de subida encontramos Bromus diandrus:

Bromus sterilis:
Bromus catharticus:

Bromus es un género de las gramíneas. Estas hierbas son conocidas generalmente como bromos. Esta palabra procede del latín, que a su vez lo hace de una palabra griega que significa "avena", aunque la avena pertenezca a otro género dentro de las gramíneas. Las dos primeras son consideradas malas hierbas y son muy frecuentes en el norte peninsular. La tercera es valorada por su alta producción forrajera y resistencia.
Cuando llegamos arriba el sol se muestra en todo su esplendor y las pequeñas piedras que cubren el solar refulgen. Las han echado para evitar que crezca vegetación, sobre todo plumeros. Seguramente de rebote, o no, se persiga ahorrar costes de mantenimiento. También hay de vez en cuando un trabajador con mono y un tanque a la espalda espolvoreando químico. Pero la tierra tiene una vocación que no se puede coartar.
El solar lo preside un magnífico níspero o abadejal. Bajo su copa crece más verde que fuera. Pregunto y es porque la sombra aporta humedad. Hay sobre todo Hipochaeris radicata:
Los vilanos o abuelitos son estructuras plumosas diseñadas evolutivamente para facilitar la dispersión de las semillas por el viento. Cuando es el viento el responsable, el proceso se llama anemocoria, apunta Alfonso. Cuando son los animales, zoocoria, en cuyo caso puede tratarse de endozoocoria o de epizoocoria. La primera es cuando los animales ingieren los frutos carnosos y luego los deponen, a menudo con nutrientes que ayudan a su germinación. En ese sentido, es frecuente ver en nuestro Hospital a los mirlos o miruellos comiendo los frutos de las palmeras que caen al suelo y luego ver hijuelos naciendo lejos, por ejemplo en las campas o en algún parterre. Por su parte, la epizoocoria es cuando las semillas se adhieren al pelaje de los animales o a plumas.
Recuerdo a una vecina del pueblo de Lebeña, digo, que cuando un rayo cayó sobre el tejo milenario de la iglesia matándolo, cogió semillas y las cuidó en casa, logrando que germinaran. Se da el caso de que la semilla de tejo es conveniente que la digiera un pájaro para que nazca, porque por sí sola es muy difícil, es muy dura. Pues bien, la tal señora defendía que si el tejo era el padre, ella era la madre.
Había hecho las veces de ave.
El nombre vilano procede del milano. De hecho, en cántabro es vilanu. Curiosamente, el milano no presenta penacho. El parecido entonces quizá provenga de una combinación del parecido entre el vuelo del ave y el de la semilla impulsada por el viento más el de la forma que adopta el ave durante el vuelo, en comparación con una semilla. Más incluso, en este caso, si el milano lleva una presa consigo. Es una ave temida en las granjas, equivalente al zorro, pero en los cielos. La presa pendiendo sería el pedúnculo de la semilla o aquenio.
Precisamente, el pedúnculo del aquenio es una característica que ayuda a distinguir la Hypochaeris radicata de la foto del Taraxacum officinale o diente de león, en Cantabria conocido como churracamas. En el primero el pedúnculo es largo y fino, mientras que en el segundo no hay o es muy corto.
Otra diferencia fundamental es que la Hypochaeris radicata tiene tallos ramificados que pueden tener varias flores, mientras que el Taraxacum officinale tiene un solo tallo hueco por flor. Se suman las hojas, que en el primer caso son rugosas y están cubiertas de pelusilla y en el segundo son lisas y brillantes.
También hay en el solar mucha zanahoria silvestre o Daucus carota:
La inflorescencia se llama umbela, del latín UMBELLA, diminutivo de UMBRA, "sombra". Significa literalmente "pequeña sombra". Es una palabra emparentada con sombrilla, a la que se parece. Alfonso la dibuja:

Son generalmente de color blanco, aunque parezca una contradicción. Pueden adquirir tonalidades púrpuras o rosadas. El punto álgido de la floración es en agosto. Casi siempre presenta una pequeña flor central de color más oscuro que simula a un insecto, para atraerlos. Cuando fructifica, la umbela se cierra sobre sí misma, adquiriendo forma de nido de pájaro.
Esta planta es de la familia de la Conium maculatum o cicuta (la única con presencia en la Península Ibérica) y de la Oenanthe crocata o apio del diablo, muy común en toda la Fachada Atlántica, ambas tóxicas. Se parecen mucho entre ellas. Ninguna está en el solar.
Valerianella locusta:
Alfonso abre una de las espiguillas para verla por dentro, donde reside la razón de su nombre, los pelitos o cilios:
Crepis taraxacifolia Thuill:
Picris echioides:
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Prunella vulgaris:
Anagallis arvensis:
Oenothera rosea:
Descubrimos un corru de Serapias cordigera u orquídea del corazón:
La foto es de mala calidad, salen borrosas, pero cuando volvimos al solar para repetirla pocos días después de nuestra primera visita, las habían segado.
Se polinizan por abejas solitarias que las utilizan para hacer noche o resguardarse los días de lluvia o de mucho frío.
En la siguiente foto se ve bien la diferencia de nerviación entre Geranium molle (verde), donde todas las venas de la hoja salen del mismo punto, y Geranium robertianum (rojo):
Llegamos al fondo del solar, donde estaba la casa. Se nota su presencia. Quedan azulejos pegados en las antiguas paredes, huellas de tragaluces a la altura del suelo. Entonces cuento a Trinidad y Alfonso que una vez siendo niño mi tía Geniuca de San Sebastián de Garabandal cogió una hierba entre las manos, se la acercó a la boca, sopló y emitió un ijujú. No es nuevo para Alfonso. Él también lo ha hecho, y lo reproduce:

Consigue hacerla sonar. Me consta que en Cantabria se utilizaban flautas hechas con tallos de centeno, aprovechando que estos son huecos, una de las características de las gramíneas. Otra es que las hojas son largas y estrechas, alternas y dísticas, lo cual significa, esto último, que están dispuestas en dos direcciones opuestas en un mismo plano. Esta característica me ayuda a explicar una idea que traigo en la cabeza desde que me puse a preparar esta entrevista:
Dístico además de su acepción botánica es una palabra que significa lo mismo que pareado. Procede del "dístico elegíaco" clásico. Este se componía de un hexámetro y un pentámetro. Es una forma poética autoconclusiva, es decir, encierra un significado completo.
Verso procede del latín VERS, "movimiento" y "dirección", que dio lugar al latín VERSUS, primero "surco" y luego "verso". El mismo origen tiene la palabra prosa, aunque a partir de la variante VORS, que, tras diferentes reformulaciones, terminó siendo PROSA ORATIO, "discurso en línea recta". En conclusión, la prosa va de seguido mientras el verso va y vuelve, como en la mies el arado que va abriendo surcos.
El "dístico elegíaco" sería el ejemplo perfecto de este ir y volver del discurso poético, o su unidad básica. El pareado sería su heredero.
Recuerdo una vez que me acompañó a la cima de la Sierra de Cos un paisano del pueblo que da nombre al monte y que una vez arriba le pregunté por un tejo todavía pequeño, o sea, reciente, rodeado de piedras, como si fuera un cromlech en miniatura con un tejo dentro, a lo que me respondió que allí reposaban las cenizas de un amigo que se había quitado la vida, y añadió: "no te habré llorado abajo, que he tenido que subir aquí". Asistí, ahora lo sé, al nacimiento natural (digamos renacimiento) de la elegía.
Aprovecho para incluir un poema del escultor y escritor vasco Oteiza:
"a veces paseando en oscurecidas horas / en nuestro pequeño huerto de casa / llenos de paz nos abrazábamos // ahora lloro me apoyo en el árbol / tenemos único árbol un hermoso fresno / que al acostarnos y en la mañana / se asoma en la ventana a nuestro cuarto // ha visto morir a Itziar no ha podido hacer nada / me acerco lloro junto al árbol / miramos los dos al cielo."
Está tomado del libro titulado Itziar elegía y otros poemas, publicado por la editorial Pamiela el año 1992.
Con esto damos la vuelta y tomamos el camino en cuesta que, bajando, muere junto a la antigua báscula. Tiene forma de zeta para que sea menos penoso. Este tipo de caminos en zeta se llaman en cántabro retreite, en relación con la expresión retrigá-las piernas, que es cuando se te cansan de andar. Para terminar de rizar el rizo, estribillo se dice retraite. Probablemente todas tengan el mismo origen y en todas subyazca la idea de ida y vuelta. De ser así, el estribillo sería el epítome del retorno que caracteriza a la poesía.
La caseta de la antigua báscula ha sido reutilizada por los jardineros como vivero. Es fantástica su cubierta con forma de paraboloide hiperbólico. Alfonso identifica todo lo que crece dentro. Son plantas en su mayoría preparadas para subir a planta.
Al borde:
Veronica agrestis.

Veronica persica.
Ambas son autóctonas. También:
Geum urbanum.
Mercurialis annua.
Alcanzamos la escollera sobre la que se levanta el muro que colinda con la cuesta de los toros. Sabemos que hay gran cantidad de geodas que, según un informe emitido por la UC a petición nuestra, es muy probable que procedan de Peñacastillo, en concreto de una cueva desaparecida por la cantera que ya ha dejado de funcionar. Alfonso descubre con sorpresa conchas en los restos antiguos de argamasa. Se comprende que la arena la cogían de la playa.
En la pared hay Cymbalaria muralis, Umbilicus rupestris, Asplenium adiantum-nigrum, Poa annua, etc. Alfonso lleva un buen rato apuntando todo lo que ve en un folio. No es un inventario en sentido estricto, pero qué duda cabe que es una información muy valiosa, máxime siendo él el autor:
Estamos llegando ya al final. Del muro y del horario previsto. Estoy apuntando algo, buscando dónde, porque el viento me ha hecho perder la página varias veces y no he seguido el orden, me va a ser difícil casar después las notas con las fotos, me digo a mí mismo, cuando veo que Alfonso se ha quedado mirando fijamente una planta que asoma por una pequeña grieta. Le pregunto y me dice sin apartar la vista del muro que es una menta, pero una menta especial: él cree que Menta arvensis. Es autóctona pero se la encuentra a partir de los 800 o 900 metros. ¿Qué haces tú aquí?, se pregunta. Coge una muestra para analizarla en casa:
Bajamos a la carretera. Hay en el codo que hace el acceso a Urgencias una magnífica salvia:
Efectivamente, hay varios mirlos o miruellos llevándose los frutos de la palmera caídos en el suelo. Es probable que a no tardar nazcan nuevas palmeras no lejos de aquí.
Volvemos a quedar los tres no muy tarde. También a mediodía y en el mismo sitio. Pero a ratos llueve y cuando llueve, llueve mucho, esa es la principal diferencia. Esa, y que el trayecto previsto es otro: directamente el terreno que hay entre el Hospital y la Facultad de Enfermería de la UC, situado en tierra de nadie y por eso mismo menos atendido, más salvaje.
El primer tramo está cubierto de hiedra o Hedera ibernica, aráu en cántabro, palabra esta de probable origen prerromano. Les hago una foto:
Asoman por detrás Acacia dealbata y Pittosporum. El Pittosporum se está extendiendo por la costa. Empieza a ser un problema. La acacia ya lo es. Se le ve mucho en los cierres de fincas. Sus flores son muy olorosas. De hecho, su nombre procede del griego y significa "simientes pegajosas", por la sustancia que las cubre, de donde el olor.
Según vamos avanzando, encontramos Euphorbia serrata, Oxalis corniculata, Sonchus oleraceus, Fumaria capreolata, Catapodium rigidum, Piptatherum miliaceum, Brachypodium pinnatum, Cerastium glomeratum, Valerianella locusta, Bidens aurea, Smyrnium olusatrum, Orobanche minor, Dactylis glomerata, Bromus hordeaceus, Lotus corniculatus, Plantago major, Trifolium repens, Anthoxanthum odoratum (con un olor a heno muy agradable, indica Trinidad), Agrostis stolonifera, etc. En la pared, Parietaria judaica, Cymbalaria muralis, etc.
También Umbilicus rupestris:
Además de Stellaria media, aunque con las flores cerradas:
Veronica chamaedrys:
Los pelos se ven pero la giras y ya no, avisa Alfonso. Esto es porque están en filas alternas, la dirección de los pelos cambia de una a otra. Por eso los ves o no en función del movimiento. Le gustará saberlo a los artistas cinéticos.
Picris hieracioides:
Es un terreno muy rico:
Verdaderamente rico:
Hay mucho Acer pseudoplatanus con las sámaras (caen como vuelan los helicópteros) todavía sin madurar:
En la foto se ve al fondo la antigua Residencia Cantabria. En la siguiente se ve a Alfonso reflejado en un charco del bordillo de la acera y en primer plano Holcus lanatus, muy suave, y Silene vulgaris:
Raphanus raphanistrum o rábano silvestre con Erigeron karvinskianus o margarita mexicana de fondo:
Rumex crispus:
Convolvulus arvensis o correhuela menor:

Pongo yo la mano de fondo para que se distinga. Sus flores, cuando las tiene, son muy vistosas. Tienen forma de campana y son blancas. Pero todavía es pronto. Hay otra correhuela, caracterizada como mayor:
Calystegia sepium. Se encuentra en las dunas de Liencres. Sus flores son igual de bonitas, asegura Alfonso. En cántabro se llaman
curruyuelas.
Taraxacum dens leonis o diente de león, en este caso enorme:
Está por florecer. Alguien se ha llevado la flor hermana, probablemente para hacer bonito, a quien le guste tener flores cortadas en casa:
Medicago lupulina:
Su fruto es en espiral, indica Alfonso. Me trae a la memoria las palabras cántabras roqueru y rocaeru (emparentadas con rueca y todas con el rock & roll), relativa a cualquier cosa que se desarrolle en espiral, desde el fósil de un nummulites hasta el agua que evacúa por un desagüe.
Prunella vulgaris:
Su tallo es cuadrangular.
Potentilla reptans:
Estamos ya del lado de la fachada de la Facultad de Enfermería. Encontramos abundante Avena barbata:
Serapias cordiguera u orquídea del corazón:
Centaurea debeauxii o marruyu en cántabro:
Cirsium vulgare:
En la trespuesta o recorrido de vuelta, vamos por fuera del recinto, revisando el muro perimetral, donde encontramos:
Lonicera japonica, madreselva o maliserva en cántabro:
Huele muy bien, afirma Alfonso. Tiene dos flores en cada nudo. Hay tres maliservas autóctonas de Cantabria: Lonicera periclymenum, Loricera etrusca y Lonicera sylosteum. La que tenemos nosotros no lo es.
Las maliservas se utilizan para hacer palos de turcías junto con las lianas de las clemátides o verigazas, siendo en Cantabria autóctonas la Clematis vitalba y la Clematis flammula. Los palos de turcías son varas de avellano a las que, todavía en el árbol, se coloca una maliserva o una verigaza alrededor para dar forma a la vara durante el crecimiento de ambas, planta y vara. Es una labor compartida. Estos palos son muy apreciados por los paisanos. La maliserva hace el giro en una dirección y la verigaza en la contraria. No recuerdo cuál lo hace a la derecha (destrógiro) o a la izquierda (levógiro). No sé si alguien lo recordará. Habrá que volver a fijarse.
Por último, un rosal muy frondoso pero de rosas cultivadas, no son rosas silvestres. Se diferencian a simple vista por el número de pétalos. Las silvestres tienen cinco. No pongo foto porque todos nos las podemos imaginar. Es nuestra esperanza que a partir de ahora todo lo que hemos ido viendo durante nuestro paseo también lo podamos imaginar, para cuando no esté. La belleza es efímera.
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