martes, 22 de septiembre de 2026

PRUEBA PRUEBA PRUEBA

Termino de leer su Trabajo Fin de Master dedicado a la noción de paisaje en la obra del escritor Francisco Cubría, disponible en UCrea, y la escribo dándole la enhorabuena y pidiéndole una entrevista. Ella acepta a vuelta de correo. Lo hace contenta, asegura. Se llama Montserrat Cubría Piris y es nieta del escritor, además de diseñadora de moda infantil, con veinte años de experiencia en Italia, e historiadora especialista en patrimonio industrial, ahora dedicada a la producción de audioguías culturales, la última la del Cementerio de Ciriego.

Es ella la que sugiere el lugar de quedada: donde la obra de Arancha Goyeneche, titulada Sticked painting. No es el sitio acostumbrado, yo suelo quedar donde las banderas, pero casi mejor. Tras confirmar, aprovecho el cruce de correos para preguntarle por el verbo cántabro esticar, "pegarse contra la pared", por ejemplo para dejar paso. Su abuelo coleccionaba palabras. Ella conserva sus notas. Me parece que esticar puede tener relación con el inglés to stick, "pegar", empleado en el título del cuadro de Arancha Goyeneche. Por eso lo pregunto. Pero no lo sabe y yo tampoco. Hay una serie de palabras cántabras que parecen hacer doblete en inglés, como carrambuela, "frambuesa", y cramberry, "arándano"; o ráspanu, "arándano", y raspberry, "frambuesa". No parecen responder a la misma lógica que los anglicismos portuarios, como pichi, "alquitrán", del inglés pitch, con el mismo significado; o güinchi, "grúa del puerto", de winch, "cabestrante". Para esticar podría pensarse en un sustrato prerromano paneuropeo. No sé en qué otras opciones. Es un tema que queda en el aire.

Pasan los días y llega el de nuestro encuentro, también llego yo al punto convenido y al verme ella se levanta para saludarme. De lo primero que hablamos es de la oportunidad de los bancos, aunque alguno esté demasiado pegado a las obras. Pasa con el cuadro de Juan Manuel Puente, que a ella le encanta, así que vamos a verlo. Pertenece a la serie "La tierra que pisamos" y es resultado de añadir capa sobre capa de óleo. Buscamos las cuchilladas reparadas y se asombra. No es para menos. No sabemos quién lo hizo ni por qué. Mantenemos una breve discusión sobre si restauraciones así es mejor dejarlas a la vista o no. Concluimos que deben ser perceptibles para que no haya confusión respecto a la obra original pero no quedar expuestas. En el caso de la obra de Juan Manuel la restauración nos parece acertada. Sin perder el hilo, nos encaminamos hacia el retrato del marqués que cuelga en el vestíbulo principal de las Tres Torres. Le cuento a Montserrat la peripecia que condujo a su rescate para la ciudadanía, de un despacho a este emplazamiento privilegiado del hospital, y le cuesta creerlo, pero es así como fue. Señala que el lienzo está destensado y que haría falta meter una cuña para que no se dañe. Es algo que se viene señalando repetidas veces. El centenario está cerca, hay que actuar, además de por otras consideraciones relacionadas con el cuidado de nuestro patrimonio. ¿Nuestro? Comentamos que el óleo lleva fecha de 1926 y que el hospital fue inaugurado el año 1929, de modo que cabría preguntarse quién fue el destinatario original. Recuerdo entonces que en las memorias de Gerardo de Alvear se indica que la marquesa le contrató para pintar el retrato, tarea que por cierto le llevó casi tres semanas, con destino para la por entonces Diputación Provincial de Santander, así que es lógico que esté aquí y también legal, parece. De hecho, en una foto de Araúna que cuelga de las paredes del pabellón16, se ve el antiguo anfiteatro, donde se impartían las sesiones generales, presidido por el retrato, que también aparece detrás de la mesa presidencial en fotos tomadas el día de la inauguración, acto al que el marqués no pudo asistir, al menos en persona, por encontrarse enfermo, y eso que se había hecho el esfuerzo de que coincidiera con el día de su 79 cumpleaños, el 24 de octubre. No en carne y hueso, pero sí al óleo, y su sobrina, la Marquesa de Pelayo, en representación de la familia.

Por cierto, es probable que el marqués se implicara en la construcción de la Casa de Salud Valdecilla gracias al Dr. Gregorio Marañón, de ascendencia santanderina. Su padre pertenecía al círculo de Menéndez Pelayo, Pereda y Galdós. El doctor escribió mucho sobre Cantabria. Destaca la atención que prestó a la figura del hombre-pez de Liérganes, y resulta que Montse es especialista en el tema. Según ella, el hombre-pez es una leyenda con asiento en la realidad. Hay un protagonista (Francisco de la Vega), un lugar (la ría de Bilbao), un momento concreto (la noche de San Juan del año 1674) y una peripecia, y sobre todo las ganas de contarlo. Ha sido así durante más de trescientos años porque cada vez ha sido útil por alguna razón. En la actualidad, como reclamo turístico. Las leyendas, en cuanto dejan de servir para algo, desaparecen. Pasa igual con la memoria. Si no se recuerda, si no hay razones para hacerlo, se olvida.

Prestamos atención a la placa metálica del escultor Carlos Ferreira que fue salvada, probablemente de ser achatarrada, de la antigua Residencia Cantabria. Se sacó de la pared, donde estaba empotrada, y se bajó con la idea de instalarla a la puerta de la biblioteca, pero pesaba demasiado así que se puso en el hall. Estéticamente no es el mejor sitio, porque distorsiona la percepción del espacio diáfano de la entrada, pero en la práctica es el único posible. Tenía una pátina preciosa pero al bajarse se pulió, equivocadamente, a nuestro modo de entender. Hay otra obra suya en la rotonda del IDIVAL y una más, aunque cercenada por la Ley de Memoria Histórica, en la residencia de estudiantes de la UIMP en Los Castros de Santander.

Salimos por el 2 de Noviembre y nos fijamos en los árboles dedicados de la entrada y a ella le recuerdan a dos que tiene en su casa: el árbol de Pablo y el de Lea, un avellano. A este periódicamente le atiza por el pie, dice, para que no se desmadre. A mí me recuerdan a los de mi casa familiar del pueblo, donde mi madre, a las visitas, lo primero que enseña son los árboles, algunos plantados, otros a los que se ha dejado crecer, traídas las semillas por el viento, o de frutas caídas. Mi hermano y yo tenemos un acebo escindido en dos grandes ramas, la de mi hermano doble porque él tiene una hija. Traigo a colación un artículo publicado en prensa por Francisco Cubría titulado "El roble y la palmera" en el que su abuelo, ante la inauguración de un jardín urbano en Santander al que se había bautizado con el pomposo nombre de "Versalles", dice que cuando la palmera deje su sito a un par de robles y a unas hayas "que se doren en el otoño con colores de caramelo", e incluso a un castaño "con sus borizos", "será cosa de ir pensando en sustituir el nombre de Versalles por otro más al pelo, más montañés y más apegado, en fin, a mi roble". Es bonita esa forma de cubrir necesidades o resolver problemas o desarrollar proyectos desde dentro, como pasa con VIRIDITAS, donde las personas entrevistadas son cántabras, porque entre nosotros nos podemos arreglar, o no hay razón para no hacerlo. La cita está tomada de un libro recopilatorio publicado por la Universidad de Cantabria el año 2016. Lo saco para leer el fragmento y ella suspira porque justo me lo traía de regalo envuelto en papel de periódico y atado con una delicada cinta color salmón.

Cabe preguntarse por la posible relación del cántabro llosa, el espacio cerrado situado a un lado de la casa, con acceso propio, generalmente destinado a frutales y como espacio experimental (es aquí donde creo que primero se recibió el maíz y se probó su viabilidad), con el jardín. La llosa está prácticamente desaparecida. Es muy difícil encontrar una. La llosa como jardín cántabro en potencia. Lo comento en relación con el riesgo que acarrea depender de fuera: que lo de dentro no se desarrolla lo suficiente. Para tomar hay que dar, y la colaboración, el intercambio es necesario, más en estos tiempos de oferta ilimitada, pero antes hay que tener algo que dar.

Seguimos nuestro camino. Pasamos por delante de la escultura Kinesis: Al progreso médico de Ramón Calderón pero no nos damos cuenta, o yo no lo hago, hasta que ya estamos tomando la curva que conduce a Urgencias, de camino a los jardines. Esa escultura se hizo para celebrar los 75 años del hospital, anuncia Montserrat. Pesa 24 toneladas. Se instaló de noche para no interrumpir el tráfico. Estuvieron trabajando hasta las cuatro de la mañana. Yo estuve allí. Tengo la escultura original, pequeñita, en mi casa, continúa, y al día siguiente me manda una foto:

También un texto en el que explica la simbología de la obra: "La estructura total está compuesta por cuatro elementos geométricos en gruesa plancha de acero corten. (...) El primero es un enorme triángulo invertido simbolizando la antigua medicina hipocrática que desde su nacimiento puntual se alza en rápida expansión hasta que desaparece resquebrajado por lo inconsistente de sus fundamentos. Un segundo elemento, también enorme, nace en el lado opuesto del basamento, desde una amplia base. Al igual que la ciencia médica decimonónica, se va debilitando, constreñido por los nuevos descubrimientos y avances del siglo XX y se desdobla en un tercer elemento flotante, con engarces complicados que sugieren la controversia de la medicina científica que al final conduce a la pieza más agresiva y valiente, una flecha de 15 m. lanzada al cielo en representación del progreso de la medicina moderna y del futuro."

La copia es la grande. Esta estaba frente al antiguo Edificio de Traumatología, presidiendo el acceso al hospital por su lado norte, el principal, pero, coincidiendo con la construcción del aparcamiento subterráneo, se estazó como a un pedazo de carne y los restos se echaron tras el último de los pabellones, el 20, donde hubieran permanecido hasta ser achatarrados, añade Montserrat, si no hubiera sido por su padre, el Dr. Francisco Cubría Mirapeix, que peleó junto con la enfermera Rosa Alonso hasta lograr que se reconstruyera, creo que fue en la época en que estaba de Subdirectora Gerente la Dra. Beatriz López, apunto. Se volvió a levantar pero en una esquina, se lamenta Montse, a la que el actual emplazamiento no le gusta nada, aunque entiende que haya condicionamientos técnicos que así obliguen. No hay forma de hacer una foto de la escultura completa sin nada que interfiera, concedo, sea una barandilla, un poste o un cartel. Pero al menos está. Eso sí, descontextualizada, para rematar.

Haciendo batida en la antigua sede de la Gerencia del SCS, pegada a la antigua Residencia Cantabria, recientemente desalojada, encontré un grabado dedicado a Kinesis que puse junto con los libros y revistas que había apartado para bajar a la biblioteca, todos de gran interés (de hecho, muchos parecen proceder de la antigua biblioteca del Monte de Piedad). Pero cuando llegó el camión y deshice las cajas, el grabado no estaba. Pregunté por él, y nada.

¿Y cómo es que la escultura original de Kinesis la tienes tú?, pregunto. Porque mi familia y la de los Calderón eran muy amigas, dice. De la época del Drink y así, lo conocerás, y sí, respondo, en el Río de la Pila.

Mi madre, continúa, fue la primera mujer directora de una galería de arte de Cantabria. La abrió junto con otros dos socios: Paco el fotógrafo (¿será Francisco Santamatilde?, me pregunto ahora) y Ramón Calderón, pero luego ellos se desligaron y ella se quedó sola. La galería Rúa estuvo abierta de 1974 a 1985, año en que cerró por ser inviable económicamente. Entonces abrió el que también fue primer salón de té de Santander. Mi madre, dice, fue educada en Inglaterra y era una fanática del té. La recuerdo siempre por casa con una tetera en la mano. No soportaba tomar té en la calle porque le ponían esas teteras de metal que gotean. Así que abrió el salón de té Rúa. Duró dos años. Fue entonces nombrada primera directora del área de artes plásticas de la Fundación Botín. Estuvo detrás de la inauguración de la sala de exposiciones de la sede de Pedrueca. La de la calle del Martillo ya no la llegó a conocer, murió el año 90.

En casa me llaman Nagulina, confiesa. Es el título de una novela de Francisco Cubría. El protagonista, remedo del autor, y sus amigos eruditos van en busca de una palabra que el primero ha escuchado en casa de un vecino del pueblo, el mismo donde Montse vive, aunque no está seguro de su significado. Al final no es una palabra, sino el nombre de la mujer del vecino. Es una novela breve preciosa. Montse se explica muy bien, no hay confusión posible.

Hemos llegado al Edificio Enlace. Le explico que muchas de las plantas que vemos proceden de la antigua Residencia Cantabria. Las trajeron los trabajadores al bajar. También hay un retal abierto entre este edificio y los pabellones que aparenta ser un jardín seco japonés, pero solo porque hay un arce de ramas modeladas por las corrientes de aire y alguna otra planta exótica. El suelo es de piedra suelta. La vista es muy árida. Es una solución aplicada en otras partes del hospital. Este tipo de superficie no ayuda al bienestar de pacientes, cuidadores y trabajadores, aunque sea más fácil de mantener que un jardín verde.

Accedemos a los jardines y aprovecho para hacerle una pregunta sobre la noción de paisaje. Para ello parto de los orígenes de nuestra Casa. La Casa de Salud Valdecilla fue inaugurada en 1929, es decir, en plena dictadura de Primo de Rivera (1923-30). En esta época se produjo una reivindicación regionalista que no era más que una explosión controlada de los nacionalismos periféricos, de donde el estilo arquitectónico de los pabellones. Tras la dictadura, con el desahogo, se funda La Revista de Santander (1930-35) de donde un año antes de desaparecer se desgaja el Centro de Estudios Montañeses y la revista Altamira. Francisco Cubría estaba ahí.

Eso es, dice. Mi abuelo vuelve de estudiar en Oviedo el año 1922, coincidiendo con el momento álgido de Agustín Riancho.

Al que se sitúa dentro de la Escuela de Pintura Montañesa, digo.

Exacto, dice. Lo mismo que a Gerardo de Alvear.

El Hospital Valdecilla también estaba ahí, entonces.

Eso es, responde.

En el retrato del marqués sorprende el paisaje del fondo. Hemos estado buscando mi pareja y yo y parece corresponderse a la Mies del Corro de Valdecilla, anuncio. En esta mies hay un afloramiento de roca madre.

En el cuadro se ve una formación rocosa parecida. También redonda. Se encuentra tomada por los árboles, robles en su mayoría. El nombre de la mies casi seguro proceda de aquí. Es más, en la roca, que presenta las típicas grietas del paisaje kárstico, se abren dos cuevas conectadas entre sí. Es probable que antiguamente se guardara en ella comida que se mantendría fresca gracias a las corrientes de aire. De estar en lo cierto, seguramente el nombre de Valdecilla provenga también de aquí: el valle de la pequeña cavidad o celda (donde conservar alimentos). 

¿Qué es para ti el paisaje, Montse?

El paisaje no existe fuera de nosotros, responde. El paisaje está en nosotros. Está en nuestra mirada, y hace una pausa. 

Presenta dos dimensiones, retoma. La materialidad objetiva y el espacio subjetivo.

¿Y cuál es su origen?

En Occidente despierta una nueva sensibilidad en el Renacimiento. Los pintores flamencos son sus adalides. Cervantes es consciente de que está despertando algo pero no lo nombra. A Petrarca le pasa otro tanto de lo mismo cuando asciende a Monte Ventoso. Es en el Romanticismo cuando brotan las palabras. Debemos a Humboldt la sintonía entre mirada científica y mirada artística, entre explicación y comprensión, y es entonces cuando nace el paisaje como tal. Es también entonces cuando se acuñan adjetivos como pintoresco, bucólico, sublime, etc.

En España nos ponemos en hora gracias a Giner de los Ríos, dice, que el año 1886 publica un artículo titulado "Paisaje", fundacional. En él expone "la idea divina", que es algo así como decir que todo está en todo, incluidos nosotros.

Abro paréntesis. Luego sabré que este artículo está en un Boletín de la Institución Libre de Enseñanza que adquirimos recientemente en la Biblioteca Marquesa de Pelayo. Cierro paréntesis.

Entiendo que esta noción empalma con la de paisaje que maneja la Generación del 98 fundamentalmente, pero también la del 14 y la del 27, es decir, la conocida como Edad de Plata, pregunto.

Montse asiente. 

Sigue el posibilismo, que es hacer no lo que se quiera, que es lo que defendían los románticos, sino lo que se pueda. Después el neopositivismo, a continuación la geografía de la percepción y el comportamiento, y por último la geografía humanista y la noción de lugar, que es el espacio cargado de vivencias.

Esa idea de lugar enmarcada en la corriente humanista es compartida por VIRIDITAS, digo, y sigo: en tu Trabajo Fin de Máster he leído que Francisco Cubría reconocía la "trabazón" del paisaje montañés. ¿Crees que esta "trabazón" es equivalente a la "idea divina" de Giner de los Ríos?

Sin duda. Pero lo más importante de mi abuelo no fue solo reconocer la entidad del paisaje montañés, sino darse cuenta de que estaba en peligro.

¿Por?

Por lo que hoy identificamos como desarrollismo. 

Por la cubicia, que diría un montañés de su tiempo, aporto.

Eso es. Mi abuelo no tenía muchas esperanzas a corto plazo. Por eso insistía mucho en lo que él llamaba "civismo regional".

Que es como la "trabazón" o la "idea divina" pero dentro de un marco ético, sugiero.

El amor, en definitiva, concluye.

Estamos sentados en un parterre. Hay trabajadores que entran y salen para comerse un bocadillo o tomar un poco el aire. Los pájaros revuelven alrededor. Le pido hacer una foto y ella elige las sabinas.

No quiero que nos quede pendiente una foto con el escudo que remataba la fachada original del hospital:

Se desmontó en los años 70 y los sillares se enterraron en Punta Parayas. Se hizo para preservarlos pero no eternamente. Allí siguen enterrados desde entonces. Periódicamente sale alguien diciendo que los ha descubierto, incluso quien repite el descubrimiento. Montse admite que levantar la fachada original donde estaba puede ser inviable pero reclama que se busque un emplazamiento alternativo: alguna de las rotondas del entorno del hospital o la finca del marqués.

Su propuesta la armó junto con su padre, el Dr. José María Cubría Mirapeix, que, además de angiólogo, fue presidente de ACANTO, federación de asociaciones de defensa del patrimonio natural y cultural de Cantabria, incluido el arquitectónico, también el científico y técnico.

Nosotros vivíamos en Ciudad Jardín. Era una casa tipo inglés con tejado de pizarra. El hospital era nuestra segunda casa. Si me apuras, casi venía para llamar a mi padre a comer. Ahora es un laberinto y me pierdo.

Las decisiones que se han ido tomando a lo largo de los años no han estado coordinadas y el resultado es que hay muchos espacios mal conectados, digo.

Debe ser. 

Vamos a la biblioteca. De camino se agacha para contemplar unos pendientes de la reina. También tengo en casa, dice. Cuando el COVID, mi padre estuvo ingresado en una UCI que estaba aquí, y señala la planta baja del pabellón de al lado. Veníamos mi hermana y yo a verle y nos poníamos las flores, como hacíamos de pequeñas.

Me acuerdo de esos días. Se instaló una UCI a cada lado de la biblioteca. Al principio la vista estaba expedita. En seguida pusieron unos vinilos hasta media altura para ocultar a los pacientes sin quitar luz. Se veían los goteros asomar por arriba.

Qué bonitas las torres, señala. Parecen diagramas de barras.

Cogemos el ascensor. A mi madre le gustaba la casa llena, dice. El mantel estaba siempre puesto. Éramos cuatro pero nunca sabíamos cuántos más seríamos para comer. Mi padre siempre llegaba con alguien. Llegamos a mi planta. Abro y le cedo el paso.

viernes, 17 de abril de 2026

Sobre el documento del Campo de Concentración de La Magdalena hallado en nuestro archivo, contexto

Hace años apareció el archivo histórico del Hospital Valdecilla, o los restos, en el "patatero" del antiguo Psiquiátrico de Parayas. Se ha contado en otras ocasiones, por ejemplo aquí. Tengo para mí que, debido al contenido sensible de muchos de sus documentos, sobre todo los relacionados con la guerra, con listados enormes de pacientes heridos que son conducidos a alguno de los muchos centros de detención (el Colegio Ramón Pelayo, los Salesianos, las Oblatas, etc.) cuando son dados de alta, este cuerpo documental, decía, debido al contenido sensible de muchos de sus documentos, "se guardó" en este lugar tan poco adecuado, en mi opinión, cuando la Democracia empezaba a echar raíces y alguien temió que a otro alguien, o a él mismo, le tocara dar explicaciones. Así lo dio a entender el Sr. Burgada (que entró como botones antes de la guerra y acabó siendo el Director de Gestión durante décadas) cuando el Dr. José Luis Bilbao y yo le visitamos en su casa del Sardinero poco antes de fallecer. Pero no es seguro. Esta interpretación mía entra en contradicción al menos parcialmente con el hecho de que la tesis doctoral de Fernando Salmón, de los años ochenta, cite muchos de los documentos aparecidos en el "patatero". Es el único autor o investigador que parece haber tenido acceso a ellos. ¿Cómo pudo consultarlos estando allí almacenados? ¿Pudo o fue acaso su almacenamiento posterior? ¿Quién fue entonces el responsable?

Entre los documentos delicados que encontramos destaca una relación de pacientes psiquiátricos que fueron conducidos al Campo de Concentración de La Magdalena nada más caer Santander. Es un documento relevante. Gracias a él, la existencia de este campo de concentración es irrefutable.

Yo desde que lo encontré creí que era el único documento que había sobrevivido de una serie desaparecida, que los militares franquistas habían entrado en el Hospital y recorrido todos los servicios buscando izquierdistas ocultos, a los que, una vez identificados, se les conducía al campo de concentración. En esta primera impresión mía seguramente me vi influido por la lectura del prólogo de la novela Maleficio (muy mala) de Ocharán Aburto, donde desvela que escribió el libro oculto en el pabellón 17 durante los meses de la República en guerra. Como él, que era de derechas, muchos de izquierdas cuando el Gobierno cambió de signo, entendí. De estar yo en lo cierto, faltarían los listados elaborados durante el barrido del resto de servicios hospitalarios. Pero a raíz de la lectura de la novela El hotel blanco de D. M. Thomas (esta mejor que la anterior, aunque no mucho) donde en uno de sus capítulos se narra el asesinato en masa de judíos a las afueras de Kiev, me entraron dudas. Resulta que antes que a los judíos se asesinó a los pacientes de un psiquiátrico cercano. ¿Y si nuestro listado no fuera el único documento que se conserva de una serie cercenada sino el único? Dicho de otro modo, ¿cabría la posibilidad de que no hubiera más documentos que este? De ser así, el detonante no habría sido un barrido de todos los servicios buscando izquierdistas ocultos (como antes los hubo derechistas) sino un barrido específico del Servicio de Psiquiatría. ¿Por qué? Primero porque el fascismo desprecia a estos enfermos. Son para ellos "subhumanos" (igual que todos los que no son como ellos o, por mejor decir, como ellos se ven a sí mismos, cabría añadir). Segundo, porque este era el servicio precisamente del Dr. López Albo, primer Director Gerente de la Casa de Salud Valdecilla y afín a Izquierda Republicana. Por este motivo fue perseguido con saña. Quizá no solo él. Desde este punto de vista, la represión a que se vio sometida Cantabria tras caer bajo dominio franquista se ve aún más escalofriante.

Una última anécdota. Al hilo del hallazgo de toda esta documentación, hicimos un cartel de grandes dimensiones en recuerdo de la Escuela Libre de Medicina de 1936 (que el franquismo negaba, por ser una iniciativa positiva del enemigo, igual que negaba el campo de concentración, por ser un hecho reprobable propio) y en homenaje de su responsable, el Dr. López Albo, que pusimos en el pasillo de las tres torres. Que pusimos los celadores y yo, sin apoyo de Dirección, porque desde Dirección, cuyo equipo había sido nombrado por el PSOE, y lo digo por lo que pueda aclarar respecto a aquella época, no se acababa de encontrar momento oportuno para ello. Pasaba el tiempo, y nada. Quizá el error fuera esperarlos. Así que lo pusimos. Estábamos subiéndolo con una pequeña grúa en forma de acordeón cuando se nos acercó un señor mayor y nos dijo: "a este señor [señalando al Dr. López Albo] le pasó lo que le pasó [la represión más cruda] por meterse en política", a lo que yo le respondí si es que los médicos no podían participar en política, igual que todo el mundo, pero al señor le daba igual lo que yo le dijera, y se marchó.

lunes, 13 de abril de 2026

Posibles representaciones de los marqueses en el retablo de la capilla del HUMV

Luis es uno de los curas asignados al HUMV. Entre otras funciones, él y sus compañeros ofician misa en la capilla todos los días a mediodía. La capilla es el único edificio del complejo hospitalario que permanece intacto desde el año 1929.

Hay buena sintonía con Luis. Nos conocemos de un día que vino de parte de Subdirección Médica por un problema de espacio. Se pudo solucionar, más o menos. La buena voluntad que pusimos suplió la carencia de medios. Nos tenemos cariño desde entonces.

Le he propuesto hacer una entrevista para VIRIDITAS, pero no quiere. Rehúye cualquier forma de protagonismo. Le respeto por ello más si cabe.

Hace poco me dijo que creía haber reconocido a los marqueses en el retablo de la capilla. Me los mostró. Hice las fotos que pude con mi móvil. No se ven bien pero sí lo suficiente como para comprobar que, efectivamente, se parecen:


A la derecha, la marquesa:



A la izquierda, el marqués:



Parecen estar mirándose.

viernes, 27 de marzo de 2026

Empieza el desalojo del edificio donde se encuentran los servicios centrales del SCS

Hoy han empezado a desalojar las dependencias de los servicios centrales del SCS para poder abordar las obras de derribo de la antigua Residencia Cantabria. 

Son los primeros días de primavera. Las flores también respetan los plazos. 



lunes, 16 de marzo de 2026

Poda de la palmera indiana de Dirección

Hoy han empezado a podar la palmera indiana que hay frente al pabellón de Dirección, la más simbólica de todas las centenarios que se conservan en el Hospital. Parece que se cuida su mantenimiento. No siempre ha sido así. Recordemos la palmera que estaba junto a la secuoya y de la que queda el cepellón que se murió hace diez años por falta de riego, pese a los avisos de los ecologistas.

miércoles, 28 de enero de 2026

Miradorio

Peñacastillo queda a la altura de la planta 9 del Edificio 2 de Noviembre. 

La cima que mira a nuestro lado se llama Miradorio. Es un topónimo antiguo. Se compone del verbo mirar y el sufijo /-orio/ que se emplea para indicar un lugar propicio para algo. Se podría traducir como "mirador".

viernes, 23 de enero de 2026

Amanecer incompleto

Por estas fechas coincide el inicio de la jornada laboral con el amanecer. Esta mañana fui a revisar el estado de la sala de formación nada más abrir, para asegurarme de que todo estuviera ordenado y limpio, y aproveché para asomarme al balcón y tomar esta foto. Lo que se ve a la derecha es la secuoya centenaria con una pequeña nube posada encima. Me hubiera gustado asistir al amanecer completo, el cielo de sur rojo. Pero no tengo personal administrativo. Solo me queda un administrativo y está de vacaciones. No lo han sustituido. Tampoco tengo a la limpiadora. Lleva toda la semana de baja y lo mismo, no la han sustituido. Así que hoy no me puedo entretener porque ni siquiera tengo a nadie atendiendo la puerta. Dejo la foto para otro día, si acaso.

jueves, 22 de enero de 2026

Exposición de arte público en el Hospital

La integración de obras de arte en espacios públicos es delicada. El HUMV no es una excepción. 

El hall del Hospital está diseñado como un espacio diáfano. Poco a poco se han ido añadiendo elementos, algunas veces por obligación, caso de la placa metálica rescatada de la antigua Residencia Cantabria, para la que, por dimensiones y peso, no se ha encontrado otra ubicación. Otras por desafección al proyecto original.

La escultura de la foto se titula "La doncella de Mazcuerras". Hay quien la utiliza como asiento, sobre todo visitas. Se da la circunstancia de que el autor, José Antonio Andrés Vera, al que hemos preguntado al respecto, no está molesto, al contrario, le parece bien que su obra sea utilizada para descansar. Pero hay que reconocer que es este un uso no previsto y que provoca cuando menos ansiedad. Recientemente estaban unos  niños jugando en ella y personal de seguridad del Hospital les llamó la atención sobre todo por miedo a que se pudieran hacer daño. Lejos de agradecérselo, los padres se enfadaron con los agentes y se produjo un pequeño desencuentro. De resultas, se prohibió el acceso a la escultura. Estuvo así poco tiempo. Desde Gerencia se retiraron los conos y la cinta. De nuevo vuelve a estar expuesta. No sé si para bien.

jueves, 15 de enero de 2026

Pequeña historia (extrapolable) de una donación fallida

Nos ha visitado la nieta del Dr. Aldama Truchuelo, Patricia Gallego Aldama. Su abuelo fue el sucesor del Dr. López Albo al frente del Servicio de Psiquiatría de la Casa de Salud Valdecilla (CSV). Fue promovido al cargo por el propio Dr. López Albo tras su dimisión en 1930. La trayectoria del Dr. Aldama Truchuelo en la CSV fue prolongada e importante.

Patricia me comentó que nos había ofrecido los documentos relacionados con su abuelo que conservaba su familia pero que una señora de la Biblioteca le dijo por teléfono que no. "Ay, hijuca, papeles antiguos no queremos", recuerda que le dijo. Fue hace una década. Por aquel entonces ya estaba yo al frente pero tal ofrecimiento no me llegó. 

Patricia me explicó que se había puesto en contacto con Personal (ella es responsable de recursos humanos en una empresa alemana, con lo cual entra dentro de lo normal que llamara a esta puerta) y que desde Personal a su vez le pusieron en contacto con una trabajadora de la Biblioteca. Ahí está el fallo. En que desde Personal no la pusieran en contacto conmigo sino con una administrativa y que esta se tomara la libertad de decir que no sin ni siquiera informarme. En realidad son dos problemas o uno doble.

El primer problema se explica por dinámicas antiguas en las que primaba la relación personal frente a otras consideraciones de carácter profesional. Por eso no me remitieron a mí la llamada sino a una administrativa que era amiga de un cargo intermedio de Personal, probablemente la primera persona que atendió la llamada de Patricia. Si no estoy equivocado, esta persona se jubiló hace dos años. Mi administrativa hace poco más.

Mi administrativa fue a la que le pasaron la llamada y la que rechazó la donación por su cuenta y riesgo, algo que yo desconocía hasta ahora, que recibo la visita de Patricia y me lo cuenta. Tarde para todo, también para un expediente. Mi administrativa no solo no me dijo nada sino que rechazó la oferta de la familia del Dr. Aldama Truchuelo porque sí. 

Hay personal subalterno (quiero decir, que ocupa un lugar inferior a otros en la jerarquía que ordena la institución) que cree que no debe rendir cuentas a nadie porque sabe más que nadie. Esto es humano que suceda, casi inevitable, siempre hay personas así. Por eso precisamente la administración tiene que poner normas y si fuera necesario, imponerlas. Sin embargo, no es raro que la administración se inhiba. Si funciona..., se justifica. Lo malo es que tarde o temprano deja de funcionar y entonces vienen las consecuencias, como se está viendo. El mejor ejemplo es la propia Biblioteca: desde la jubilación de la anterior directora hasta que gané yo mi plaza pasaron dos años en los que la Biblioteca fue teledirigida desde el IDIVAL, que dejó hacer precisamente a esta administrativa, la que primero levantó la mano, quizá, en su descargo, la única. Esta situación significó  pasar dos años en blanco, como pude comprobar a mi llegada, muy a mi pesar: desde jaulas para la ropa sucia llenas de libros apilados hasta un número de accesos a la biblioteca virtual desde Singapur superior a los de Santander. En estos dos años mi administrativa, sin estar capacitada, por tanto inconsciente, o mejor, no consciente de lo que estaba sucediendo, se creció. Todavía más, no vio la necesidad de ceder terreno a mi llegada. Nadie la obligó a ello, menos desde Personal. Yo porque no pude. De resultas, esta administrativa de la Biblioteca cometió errores propios de alguien que no sabe y porque no sabe es que no dirigía ella la Biblioteca, sino yo, muchas veces pese al entorno. Errores que todavía estamos pagando hoy.

Patricia no sabe qué pasó con la documentación de la familia. Mudanzas, herencias..., se perdió el rastro. Casualmente hará unos cinco años el conocido coleccionista José Antonio Torcida me ofreció una fotografía antigua del Dr. Pío del Río-Hortega, candidato en su época a Premio Nobel, dedicada precisamente al Dr. Aldama Truchuelo. Se la compré con dinero propio y se la regalé al Dr. Tejido, por entonces Director Gerente del HUMV, que la colgó en la sala de reuniones de Gerencia, en el pabellón 21. Me acuerdo, se lo digo a Patricia y vamos a verla. Carolina, la secretaria del Director Gerente actual, Dr. Rubial, nos abre la puerta:


Pregunto a Torcida por la procedencia de la foto y confirma, como temía, que la había comprado en el rastrillo dominical de la ciudad. Podemos hacernos una idea de dónde terminó el resto de la documentación del Dr. Aldama Truchuelo.

viernes, 19 de diciembre de 2025

La librería

Se cuenta que cuando en los años setenta se derribaron los pallones de los años veinte el mobiliario antiguo quedó entre los escombros. Muchos, trabajadores y vecinos, aprovecharon para cogerlo. Yo mismo recuerdo haber visto una tumbona, supongo que de las que servían para que los pacientes se dieran baños de sol en las terrazas de los pabellones, en casa de un conocido galerista y editor.

Mal.

Pero peor es repetir el error.

Cuando se cerró la Residencia Cantabria se corrió la voz de que había una pared entera de antiguas librerías con las puertas acristaladas. Supuestamente no tenían dueño. Se las llevó el por entonces Director Científico del IDIVAL.

En la Biblioteca recuperamos de la Residencia Cantabria una librería que hemos puesto en el Salón Noble. Hemos tapado los cristales de las puertas con unas cortinas hechas por las costureras del HUMV para evitar que entre la luz y perjudique a los libros. La tela reutiliza la de las antiguas cortinas de los boxes de Urgencias.

Esta semana he visto una librería con la misma estética y probablemente con la misma procedencia rota y tirada en la basura:


Si lo público no se cuida deja de ser público.

viernes, 5 de diciembre de 2025

El montaje del Nacimiento en el hall del HUMV

El Nacimiento se empieza a montar coincidiendo con el encendido de las luces de Navidad de Santander, hoy.

lunes, 1 de diciembre de 2025

A la salida de misa

Las obras de los protones, como se conocen entre los trabajadores del Hospital, han acorralado a la capilla. Pero esta no ha cerrado. Los párrocos del Hospital mantienen el oficio. El acceso es dificultoso pero no imposible. 

En la foto se ve a uno de los párrocos saliendo de misa.

martes, 25 de noviembre de 2025

Diez años del primer paciente de las Tres Torres

Tal día como hoy de hace diez años entraron los pacientes a las Tres Torres del HUMV tras 16 años de obras.


En la foto, tomada hoy, un patinete infantil de color rosa escondido en el seto que bordea el Pabellón 21 o de Dirección.

jueves, 13 de noviembre de 2025

Martillo de reflejos diseñado por el Dr. Aldama Truchuelo

La familia del Dr. Eleuterio Pérez Domínguez, neurocirujano formado en la Casa de Salud Valdecilla y ex-Jefe de Servicio de Neurocirugía del Hospital Pío del Río-Hortega de Valladolid, nos ha donado recientemente diverso material, sobre todo planchas con diapositivas de microfotografía, ilustraciones originales e instrumental quirúrgico, destacando un martillo de reflejos patentado por el Dr. José María Aldama Truchuelo, pionero de la Neurocirugía en España y Jefe de Servicio de esta Especialidad en el Hospital Valdecilla durante treinta años.


Se encuentra expuesto junto con un diapasón de igual procedencia en una de las vitrinas del Salón Noble de la Biblioteca.

Es una pieza de singular valor para la historia de la institución. Representa nuestra firme apuesta por la innovación.

lunes, 3 de noviembre de 2025

El Edificio Enlace y los encuentros

A menudo se afirma que el Hospital ha ido acumulando año tras año capa tras capa de decisiones desconectadas entre sí, como si fuera una cebolla (en cuyo caso cabría preguntarse dónde está el corazón). De resultas, por ejemplo, el acceso a Urgencias no es el más apropiado o los antiguos pabellones no sirven de carta de presentación de la ciudad desde el acceso de Lamarga por culpa de Valdecilla Sur, contrariamente a como se pretendía cuando se reconstruyeron.

Pero también hay ejemplos de lo contrario, por fortuna. Así el Edificio Enlace, fruto de una decisión tomada con perspectiva integradora, que es lo mismo que decir intergeneracional, respetuosa también con el entorno en el que somos.

La pérgola que conduce al Edificio Enlace, que, como su propio nombre indica, enlaza las distintas piezas que componen el puzle de Valdecilla, funciona como símbolo del camino que hay que recorrer para el encuentro.

Porque no hay que buscar el origen sino facilitar el encuentro, que está en el origen.





viernes, 24 de octubre de 2025

CSV 1929, foto fundacional


Imagen considerada fundacional de la institución. Su autor es Samot (son raras las fotos antiguas suyas porque su archivo se vio gravemente afectado por el incendio de Santander de 1941). Está tomada desde el antiguo Colegio Cántabro, en la ladera donde en la actualidad se sitúa el Centro de Salud Cazoña. La Bahía de Santander a la espalda, asomando al otro lado el monte Cutíu (Medio Cudeyo), en la actualidad cercenado por una cantera, y Peña Cabarga.

Hospital Valdecilla 2030, presentación

El objetivo de este sencillo recurso electrónico es recabar documentos y testimonios de personas relacionadas con el HUMV en sus distintos avatares (Casa de Salud Valdecilla, Centro Médico Nacional, etc.) y satélites (Jardín de Infancia, Maternidad Provincial, etc.) desde los orígenes (1929) hasta el presente, de cara a la celebración del centenario de la institución el año 2029. El proyecto lleva por título Hospital Valdecilla 2030 porque el año 2029 es solo el primero de los muchos que seguirán.

Hoy se da inicio a este recurso, el 24 de octubre, aniversario del HUMV, cumpleaños del Marqués de Valdecilla y Día Mundial de las Bibliotecas.

Espero que Hospital Valdecilla 2030 sea capaz de aportar contenido de interés general durante los próximos años.

Mario Corral
Director
Biblioteca Marquesa de Pelayo
mario.corral@scsalud.es